mos cursos, con una carga más que abundante de horas de docencia. He pasado por cinco Facultades, por dos Campus (Cáceres y Badajoz) y por siete titulaciones, incluyendo Veterinaria o Ingeniería de Materiales. Ahora desarrollo mi labor en el Grado en Educación Primaria. Cuando me preguntan digo que doy clase en Magisterio. Que estoy con los futuros maestros.
Acabamos el cuatrimestre y me da
tiempo a adelantar algunos de los aspectos que descubro en estos chicos y
chicas que no he visto en ningún otro sitio. Quizá por falta de tiempo o de
convivencia, pero es mi experiencia y aquí la traigo.
Los alumnos de la Facultad de
Educación son creativos y originales. Estas dos cualidades brillan en cada
actuación que tienen en clase. En la presentación de trabajos académicos, en la
relación con los profesores o en las actividades que desarrollan dentro de la
facultad. Creativos y originales, fuertemente influenciados por la vocación de
hacer cosas que sirvan a los niños y niñas para los que estudian, aquellos que
estarán en un futuro recibiendo su buen hacer. Son de una creatividad
imaginativa, sorprendente, muchas veces subyugante en un ámbito habitualmente anquilosado
como es el espacio universitario.
Agradezco las ocurrencias y la mirada amplia de los alumnos, que me preguntan
sin reparo si tal o cual cosa es posible, si se puede hacer el trabajo desde
tal punto de vista. Agradezco su audacia a la hora de grabar vídeos didácticos,
de dramatizar, de indagar o de preguntarse con insistencia sobre su futura
labor docente. ¿Esto cómo lo haríamos con
niños de ocho años? ¿Cómo atendemos a niños con discapacidad en esta materia?
Este enfoque recurrente hacia el ejercicio profesional dice mucho de su vocación,
de su visión horizontal (es decir,
hacia el horizonte), de su autenticidad como maestros en ciernes y de sus
expectativas de poner en práctica lo que saben y van aprendiendo.
Son chicos y chicas que no
pierden la esperanza, a pesar de un sombrío panorama laboral. Son activos y
participativos en lo que se les propone. Representan un cuadro realista de la
juventud actual, con sus fallos y con sus defectos, pero sobre todo con unas
virtudes propias de la ilusión de una edad en la que todo es posible. Y en la
que, modestamente, me encuentro y comparto.
Existe una opinión generalizada
que menoscaba la formación de los maestros. Esto se debe sin duda a que todo el
mundo sabe de educación. Yo, desde dentro, lo que veo es que son muy pocas las
titulaciones en las que los alumnos pasan un cuarto de su periodo de formación
en el lugar de su ejercicio profesional, en este caso la Escuela Primaria.
Ojalá todos los estudiantes de la Universidad de Extremadura invirtiesen un curso completo en
prácticas de empresa. También veo que el profesorado de la Facultad de
Educación está compuesto por profesionales en ejercicio de la labor docente, es
decir, son profesores que forman a profesores. El cien por cien de los docentes
enseña lo que hacen, mejor o peor. Ojalá la mayoría de los profesores de la Universidad de Extremadura ejerciesen la labor que enseñan.
Los alumnos de Magisterio tienen
a su alcance una motivación superior para su estudio: el amor a los niños y
niñas y el compromiso con su formación. El desafío de acompañar procesos de
maduración personal, de ver crecer personas y de ser parte importante de este
milagro que sucede en la escuela. Quizá por eso me encuentro con que no dejan
de mirar hacia afuera, con una inquietud que supera todos los obstáculos,
porque la vocación del maestro, la pasión por enseñar, les come por dentro.

Les deseo una vocación perpetua. Feliz
Navidad, maestros.