viernes, 14 de noviembre de 2014

Votar con miedo



Un amigo mío, creyente, dice con cierta frecuencia aquello de que “para ser libres nos liberó Jesucristo”. Me acuerdo mucho de esta cita y de Breaking Bad, cuando el protagonista, en un monólogo extraordinariamente sabio, enfermo de cáncer en sus últimas etapas, le confiesa a otro personaje: lo peor es el miedo.  El verdadero enemigo de la vida no es la muerte, sino el miedo. El miedo paraliza, resitúa nuestros valores y los jerarquiza según escalas de huida, del sálvesequienpueda; escalas que no contemplan la totalidad del cuadro y que dejan fuera de ángulo elementos clave para el análisis sereno, consciente, audaz y honesto de las situaciones. Miedo.
 
Por eso, por la libertad que proclama mi amigo, por conjurar el miedo, me llama poderosamente la atención todo el montaje en torno a la democracia, la corrupción, el PP y el PSOE, y Podemos en medio. Me fascina, como lo haría un experimento científico en el laboratorio de mi Facultad, todo el proceso de descrédito y de desgaste al que está siendo sometida la supuesta tercera fuerza en intención de voto, según los datos del último CIS ya cocinados (valiente expresión, por cierto). Me sorprende con esa capacidad de perplejidad que creo debería gobernar la mirada de alguien inquieto. 

¿Cuándo se han puesto de acuerdo las dos potencias electorales mayoritarias ante un adversario/enemigo común? ¿Qué hace que Podemos instale tanto miedo en los corazones azules y rojos, un terror que aflora en cada declaración de sus dirigentes? ¿Por qué ser partidario de Chávez es peor que serlo de Bush? ¿Y por qué no aparecen discursos similares cuando el gobierno invita a personajes como Teodoro Obiang (que asistió al funeral de Estado de Suárez) y nadie, ni siquiera sus oponentes naturales de las filas socialistas, les acusan de aupar un régimen claramente (mucho más claramente que el venezolano) autoritario y empobrecedor? Por no hablar de las tragaderas anchas que se nos pusieron a algunos cuando el gobierno socialista recibió con honores de príncipe medieval a quien luego resultó (oh, sorpresa) la cabeza visible de una estructura genocida, pero de buen interés mercantil. Supongo que la razón de Estado es más fuerte, y no hay necesidad de levantar terrores cuando no hay nada (electoral) en juego.

Entonces recuerdo otras ocasiones en las que se ha azuzado el miedo en las campañas electorales, como si fuese un dóberman rabioso. Recuerdo los vídeos del 96, donde el PSOE hablaba de “la derechona”. Las veces en las que el PP nos infundía pánico diciendo que votar a la izquierda era hacer oposiciones para volver al país “hecho unos zorros” que dejó Zapatero. Todas las ocasiones en las que, de forma más o menos sibilina, la demonización del contrario se hace de manera solapada o evidente, haciendo un llamamiento al “voto responsable”. Parece que esto de votar con miedo no es nuevo.

Yo no pienso votar a Podemos. No porque esté en desacuerdo con su programa, ni con sus formas, ni con su mensaje, ni con sus anhelos. Con todo ello puedo coincidir más o menos, con matices y con modulaciones. Igual que coincido con muchos planteamientos de la izquierda moderada del PSOE, de la izquierda menos céntrica de IU o incluso con algunas ideas ciertamente pragmáticas y realistas del PP. Sin embargo, mi voto siempre ha estado abocado al fracaso, no me creí nunca lo del voto útil. No recuerdo haber ganado unas elecciones en mi vida. Por eso opto por fuerzas minoritarias, utópicas quizá, que me llenan el corazón con mensajes que me ilusionan en positivo, que me hablan de un mundo mejor. En eso me dejo guiar por una cita de Mounier: "Nuestra acción no está orientada esencialmente al éxito, sino al testimonio, porque la situación ha llegado a ser insostenible".


Pero aun desde fuera de las filas de los votantes desencantados, indignados que dicen algunos, que parece aglutina en torno a sí la formación circular de Podemos, me preocupa la campaña del miedo. Porque votar con miedo es casi parecido a no votar, porque el miedo paraliza y no permite el ejercicio de la libertad. Y votar con miedo, sin libertad, no sé hasta qué punto es democracia.

Así que ojito a aquellos que nos invitan a votar sin libertad.

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